JUSTIFICAMOS PARA APLACAR CONCIENCIA
JUSTIFICAMOS PARA APLACAR CONCIENCIA
Nataly Dután Jiménez
Lesnath6@hotmail.com
Es interesante detenernos a observar cómo nos justificamos cada vez que hablamos de ciertas acciones que cometemos, como constantemente estamos justificando lo que decimos, queremos o pensamos. Pareciera que esa famosa frase “lavarse las manos como Pilatos”, es algo cotidiano. Porque será que aplacar nuestra conciencia y justificar las acciones de los seres que amamos es tan necesario que constantemente lo hacemos.
Les suena familiar la palabra “escusas”, que la usamos mucho cuando llegamos tarde, cuando no queremos hacer algo, cuando queremos salirnos de una situación, cuando mentimos, cuando queremos terminar una relación, cuando queremos ver a alguien, cuando no queremos cumplir con una promesa, en fin podría decir un sin número de situaciones en las que solemos usar las famosas escusas.
Pero porque realmente no queremos enfrentarnos y tomar nuestra responsabilidad, porque no queremos afrontar que si una persona hace algo es porque decidió hacerlo, porque justificamos cada acción dolorosa que nos hacen, si nos invitan al cine y no queremos ir inmediatamente surge la “escusa”, y decimos; es que tengo que estudiar, tengo clases, estoy enferma, etc. Se nos complica tanto decir “no quiero ir”, será porque no estaríamos preparados para escucharlo, si nos dijeran eso, por ende asumimos que los demás tampoco lo están, esta es una de las muchas situaciones sencillas, donde usamos las escusas por no llamarlas mentiras, y esto nos hace ver que en realidad vivimos rodeados de falsedad, y aplicamos el dicho “prefiero una mentira que alegra la vida que una verdad que me amargue el momento”.
Detengámonos a pensar hasta que punto tratar de engañarnos afecta nuestras relaciones sociales, aumenta el estrés, pues vivir una vida sin verdad es desgastante, y vivir rodeado de personas que no pueden entender que somos seres humanos y que tenemos derecho a decidir, es aún más desgastante, y cuando nos damos cuentas estamos rodeados de falsedad, incluso hasta perdemos contacto con nuestro verdadero ser, ya que una pared de mentira nos separa, de lo que realmente soy y lo que quiero aparentar ser, y aprendemos a vivir con la mentira, que a veces la verdad se confunde con ella.
Hoy es tiempo de ir poco a poco viviendo con la verdad, siendo responsables de lo que decimos y hacemos, y no vivir justificando para aplacar nuestras conciencias, se inicia con pequeñas cosas, en lugar de decir cuando llegamos tarde; “tenía muchas cosas que hacer y había mucha presa”, decir “lo siento no organicé bien mi tiempo, en la próxima ocasión lo hare, lo siento”, inténtalo no es tan difícil y se siente bien hacerlo, vivir un mundo lleno de verdad es vivir .en plenitud.
