PARA ELLA…

Sofia Porras Aguilar
Estudiante de periodismo
Es una mujer admirable. Sus arrugas son la clara muestra del esfuerzo y sacrificio que solo los años han marcado. Su carácter es fuerte y disciplinario (que lo digan sus ex-alumnos) y quiere correr para tener casi todo a la perfección.
Es una señorona, lo digo con los ojos aguados. Ella es mi abuela, la que me crió como una madre y a la que le debo mucho de lo aprendido en mi vida. Me ha dado de comer sin echarme nada en la cara y me ha abrigado con un techo sin negármelo nunca.
Me ayuda con mis responsabilidades personales, cuando yo muchas veces ni me lo merezco. Ha perdonado mis debilidades aunque le haya destrozado el corazón y le haya matado la ilusión.
La única vez que me alzó la mano, se puso a llorar. Le dio “sentimiento”, como decimos nosotros. Amó a su esposo como las mujeres de antes lo hacían, se casó para siempre, aunque mi abuelo no supo valorar el diamante que tenía a su lado. Sus cuatro hijos son diferentes como los dedos de la mano y aunque no son expresivos al 100%, saben que tienen una mamá que no se compara con nadie.
Sus siete nietos, somos cabezones y desobedientes. Y algunas veces tenemos actitudes desafiantes para ella (especialmente los que enfrentan la dura etapa de la adolescencia), pero la amamos profundamente. Es la jefa de la casa, la fortachona, la ordenada y valiente.
Si la llego a perder algún día, mi dolor no tendrá reparo alguno. Y no quisiera tener que ir a una tumba a llorarle por un perdón ó a decirle cuanto la amé.
Quiero que lo sepa hoy mismo, que lea estas líneas siempre y que recuerde que junto con Dios, son el motivo de mi existir y que no tendré palabras para expresarle con claridad, todo el amor que siento en mi alma.
Que sepa que aunque son muchísimos años los que tenemos de diferencia, siempre hago mi esfuerzo para tener paciencia y no tener que faltarle el respeto. A veces no es fácil y, perdemos la calma.
Y que nunca olvidaré que fue ella, como buena maestra, la que me enseño a leer y escribir. Y que gracias a su ejemplo, ahora soy una devoradora de cuanto libro, periódico ó revista se ponga en mi camino.
A mi abuela Digna Angulo, a la “niña Digna”, gracias por todo.
Infinitas gracias a Dios por permitirme tener una mamá postiza de semejante calidad.
Te amo abuela
