Sobre homosexuales y…
DEMAS HIERBAS AROMATICAS
Por Marvin Ureña S.
Piedades Santa Ana
Se ha puesto de moda nuevamente en el escenario noticioso mundial el asunto de la homosexualidad, tema que a lo largo del tiempo siempre ha tenido diversas aristas, unos cuantos a favor y gran mayoría en contra, esta problemática ideológica se torna cada vez más enconosa dado que van apareciendo personajes con inclinaciones homosexuales que gozan del aplauso del público y que de alguna manera terminan siendo “alcahueteados” por propios y extraños.
Por supuesto, si partimos de algunas enseñanzas de las Sagradas Escrituras, nos daremos cuenta de que Dios no concibió al hombre y a la mujer para que convivan en actitud de desenfreno, saciando sus apetitos sexuales con personas de su mismo sexo, en Génesis capítulo 3, versículo 24 queda claro que a partir de la Creación el proyecto divino es que el hombre y la mujer se unan y formen un solo ser y posteriormente en el Nuevo Testamento el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, capítulo 6, versículos 19 y siguientes señala que todos aquellos que conduzcan sus vidas en medio de libertad sexual, impurezas y desvergüenza no heredarán el Reino de Dios.
Ahora bien, algunos expertos en conductas anormales aseguran que la homosexualidad viene implícita genéticamente y que desde el vientre materno la criatura viene diseñada y predispuesta para adoptar una preferencia sexual X o Y a partir de su niñez y adolescencia, no obstante es deber de los padres descubrir a tiempo estas aficiones y enseñar, orientar, motivar, marcar límites, dar terapia y establecer en la mente las conductas normales que deben prevalecer en un ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios.
Si Dios nos ha creado enteros y completos para la vida, creyentes y no creyentes debemos coincidir en que no existe una razón lógica por la cual un hombre o una mujer cambien su formato de fábrica. Incluso, ya sabemos desde el Génesis que todo ser humano tiene la total capacidad de discernir entre el bien y el mal. Elegir si quiere ser adicto a las drogas o no caer vencido ante este flagelo está dentro de su total dominio, elegir si, siendo hombre prefiere ser besado por otro hombre o siendo mujer aceptar caricias de otra mujer es una cuestión meramente de principios y valores.
En resumen y sin dilatar mucho este tema queda claro que la conducta natural es vivir bajo normas de decencia acordes a un sistema puro de ideales y deberes basados en la ética del amor divino que es la esencia misma de Dios.
Fuera de este modo de vivir todo se transforma en antinatural, va en contra del plan de Dios y se hace merecedor de la burla y el cuestionamiento público. Cada quién es libre de adoptar su estilo propio de vida, pero lo que no es válido es que su comportamiento atente directamente contra la moralidad social.
En definitiva…no se puede aceptar lo inaceptable.
