Entre juegos y risas
Alejandra Ramos Córdoba
Colaboradora de El Piadoso
banbi11@hotmail.com
Ayer tuve la oportunidad de pasar de una forma rapidita por Piedades, cuando iba pasando por la escuela se me vinieron a la memoria muchos recuerdos de ese lugar donde pasé seis años de mi vida.
Antes de entrar, mis papás me compraron lo necesario para que fuera bien preparada a clases.
Recuerdo la emoción que se siente antes de entrar a clases, siempre es la misma: preparar todo bien y ordenar el bulto unas 100 veces para ver de que forma se ve mejor es lo usual, con los cuadernos por orden de tamaño, de color, acostados, de pie….es lo común.
Tenía yo seis años y mi mamá me acompañó a mi primer día de clases, me recuerdo con mi uniforme muy limpio y bien planchadito, zapatos bien lustrosos que mi papá me limpió con mucho amor; ahí estaba yo, toda flaquilla y pequeñita, de la mano de mi mamá, toda nerviosa, pensando si me tocarían los mismos compañeros del Kinder; poco a poco fueron apareciendo caras conocidas y eso me tranquilizó.
Conforme fueron pasando los años, mi amistad con algunos compañeros con los que estuve desde el kinder se fue afianzando, tal es el caso de Minor Artavía, Cristian Mena, Maria Antonieta, Karen, Cintia Arias de la Peña, María Elena, Adrián, entre otros… amigos que hasta el día de hoy me alegra mucho encontrarme, a los que más veo es a María Elena, Cristian y Minor. María Elena se casó y es una feliz mamá, Minor es un exitoso profesional y Cristian también se casó y tiene una linda hija, me sigue reclamando que en la escuela yo le arrancaba el pelo, tengo unos recuerdos vagos del asunto, pero él cada vez que me ve, me reclama… jajaja…
Nos peleábamos por quien limpiaba la pizarra, quien tocaba la campana y después con los años el timbre, quien iba a traer los libros para que trabajáramos, quien se ponía de primero en las filas, al ir al comedor, a los actos cívicos, a la plaza a la clase de educación física, para todo, era divertido. Los recreos estaban llenos de juegos, cromos, bolinchas, trompo, bolero, yoyo, quedo, jackses, escondido, bola descalzos en la plaza y con el tiempo ping-pong, cuando llevaron una mesa a la escuela y entonces también nos peleábamos para jugar primero, las bolsitas de mango con limón y sal y los famosos confites de ladrillo que un señor de Puriscal que tenia trapiche traía a vender a la escuela, eran muy populares, estos confites se hacían con la corroncha que quedaba en el fondo de las pailas, la teñían de muchos colores, una bolsita de ladrillos costaba ¢5 y se llamaban así por que eran durísimos y comerse un solo pedazo de confite podía tardar horas y horas.
Tan, el hijo de mis padrinos, iba un año adelantado a mi en la escuela y como a mi me gustaba estar mucho en su casa, nos la pasábamos peleando la mayor parte del tiempo, para peores había tenido la genial idea de contarle que me gustaba un compañero suyo y no dejó de molestarme con eso por mucho tiempo, el chiquillo no podía ni volverme a ver y yo salía corriendo con la cara incendiada. Una vez que se me ocurrió participar en un concurso de canto, cuando vi a Tan, en primera fila, con sus amigos, riéndose, quise salir corriendo, irme del país, que me adoptara una familia en Alaska, se quebrara el hielo y me encontraran miles de años después flotando hecha una marqueta de hielo, para peores el que me tocara ser la primera en cantar no me ayudó para nada, los nervios me recorrieron todo el cuerpo en un segundo; en cuanto comencé a cantar, Tan y sus amigos aumentaron su repertorio de burlas y risas, lo que hizo que casi no me saliera la voz y me quedara petrificada la mayor parte del tiempo en el escenario, lo bueno fue que me gané una medalla, la de último lugar, pero medalla al fin.
En la escuela participe en todo lo que pude, de bastonera, tocando los platillos, redoblante, tenor, abanderados, cadetes, actos cívicos y en cuanta obra de teatro pudiera, era lo que se dice comúnmente una metiche y no crean, lo sigo siendo!
Los años pasaron, unos compañeros llegaron, otros se fueron, hasta que un día nos llegó el turno de partir también, me parece increíble que hayan pasado tantos años, yo me gradué en el 87’ y desde entonces nunca más volví a esa escuela que me vio crecer entre libros, risas y juegos. El día de mi graduación fue un día lleno de emociones encontradas, nervios, tristeza, felicidad, expectativa… luego de dar el discurso de despedida, que espero los presentes pudieran entender, ya que lo di en medio de sollozos, jaladas de mocos y lágrimas, me despedí de mis compañeros, del director Don Marcos, de mi querida maestra Doña Elodia Sibaja y de aquella linda escuela que me dio tanto, la Escuela Ezequiel Morales Aguilar, por lo que en mis fotos de graduación salgo en todas con ojos y nariz rojos de tanto llorar, de llorar por dejar atrás una etapa tan bonita de mi vida. Mi escuela.
Actualization:
Recientemente, gracias a la red social Facebook me reencontré con viejos amigos y ex compañeros de la escuela y gracias tambien a una ex compañera de la escuela, Paola Castillo, quien creó la página: Egresados de la escuela Ezequiel Morales Aguilar.
En esta página nos hemos puesto al día, hay fotos de lindos recuerdos de la escuela y de buenos amigos, que me han traído a la memoria muchos más lindos recuerdos y no lo voy a negar, mucha nostalgia también.

