UN AMOR VERDADERO (II Parte)
Alejandra Ramos Córdoba
Colaboradora de El Piadoso
banbi11@hotmail.com
El tiempo de amigo de María comencé a notar que estaba diferente, cada vez que me miraba tenía una lucecita en sus ojos y me parecía más bonita cada día, así que tomé aliento y la besé, le prometí que yo nunca la haría llorar, porque yo era diferente a los otros hombres y, como yo, nadie la iba a valorar y amar nunca en la vida. Seguí visitándola, los domingos iba con ella a misa a dar
la vuelta al parque o a los turnos, dejé de salir con mi amigo, aunque él se la pasaba diciéndome que cuidado y era yo tan baboso de casarme si había tantas mujeres en este mundo.
Con el tiempo me gané la confianza de María, así que la invité a una poza cercana a bañarnos. Como usted sabe la calentura que a uno le da cuando está con la persona que se quiere, comenzamos a besarnos y la hice mía.
Desde ese día la lucecita de sus ojos se convirtió en resplandor de estrella fugaz, llena de amor, todos sus cuidados y chineos me abrumaban de ternura, pero diay, uno es hombre, lo criaron para ser machito y como mi amigo me lo recordaba a cada rato y se valía de mi debilidad por las mujeres, entonces comencé a decirle a María que tuviera paciencia, que algún día yo iba a tener la plata suficiente para casarme con ella y ella fiel a mis promesas se mantuvo cerca de mí siempre, a pesar de que yo comencé a mentirle; la dejaba esperando, le decía que tenía mucho trabajo y tenía que ayudar en la finca a mi papá, no llegaba a verla por días y me iba a los turnos otra vez con mi amigo a tomarme unos traguitos y babosear con mujeres.
Como vivíamos en pueblos lejanos entonces la pobre de María ni cuenta se daba de mis andanzas y yo muy feliz enamorado de cuanta muchacha se me apareciera y me hiciera ojitos o risita de coqueta.
Una vez por azares de la vida su papá decidió ir a visitar a un hermano que vivía en un pueblo cercano al mío y quedarse unos días por allá; resulta que las primas de mi novia la llevaron al turno para que no se quedara sola en la casa con los mayores. Cuando ella llegó con un poco de pena, pensando en que a lo mejor yo me iba a enojar porque ella había salido sin mí, se encontró con una gran sorpresa; ahí estaba yo con mi amigo con unos traguillos de más y con una muchacha sentada en mis piernas, que yo, como era de débil para las mujeres como le digo; la muchacha se me acercó, la invité a sentarse y a comerse algo, luego un traguito y entre risita y risotada nos fuimos agarrando confianza. El lugar se llenó y alguien cogió la silla de la muchacha mientras ella andaba desaguando en el baño y cuando volvió se me acomodó entre las piernas y yo, débil, no la quité; al ver a María parada mirándome con la carita toda marchita y llena de lágrimas, sentí que el pecho se me había partido en dos. Yo llorando le supliqué perdón y le dije que me había dado cuenta de lo mucho que valía para mí, que yo sin ella no podría vivir y ella que era un ángel de Dios. Como me amaba ciegamente, me perdonó.
El tiempo pasó y como a los tres meses mi amigo me invitó a otro turno y voy yo de sonso, seguro de mí mismo que iba a respetar a mi María, que no iba a gastar en otras lo que ella se merecía que guardara para hacerla mi esposa, pero volví a caer en la tentación.
Otro cuerpo bonito, otra risita coqueta y unos ojitos lindos y sácalas. Ay de tarugo me fui otra vez, así pasó el tiempo; yo poniéndole cara de bueno y haciéndole mil promesas que no cumplía, le decía que todavía no guardaba plata suficiente para casarme con ella; sabe que ella era bien bonita y yo aquí como me ve usted, nunca fui un hombre muy agraciado que digamos, yo sabía que a ella la pretendían otros hombres que tenían buenas intenciones con ella, pero ella, fiel a mí, no tenía más ojos que para mí que en lugar de agradecer ese amor puro lo único que hacía era devolverle puro egoísmo. ¡Ojala yo hubiera sabido en esos tiempos que la belleza de una mujer está por dentro, no en una risita coqueta y unos ojos lindos y que el hombre no es hombre por dar órdenes, gritar más alto y andar con cuanta mujer le salga en el camino, sino por hacer feliz a la mujer que se lo merece, por honrarla y respetarla.

