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04/02/2012 – 11:57 pm | No Comment

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COLUMNA DE OPINION

Submitted by elpiadoso on 02/06/2010 – 1:10 pmNo Comment

Con Doble M

Dr. Marlon Mora

Bajo la luz de mi abuela. De la mano de unos calzones remendados, una singular e inocente campesineidad típica de los años 30´s y las mejores piernas del Brasil de la época: mi abuela enamoró a mi abuelo. Asunto que se mantiene hasta la fecha. Por eso la indignación al ver algunas portadas y publicidades que hoy ponen de manifiesto una agresión a las futuras abuelas de este Santa Ana y Costa Rica donde se les muestra como en carnicería de mercado…

 Tal parece que en la actualidad no se es mujer a menos de que se tengan unas buenas nalgas para enseñar con hilos, un todo in-imaginado. Parece que no se es mujer sino se cuenta con la sexualidad que solo lo aporta un sex appeal de boca y cuerpo, más unos  pechos estrafalarios, que solo dan la silicona y el cirujano especialista en esos menesteres.

 La belleza, esa plástica se ha constituido a fuerza de manazos y codazos en la favorita del mercado, que se auspicia en la genialidad de la nueva llamada cosmética actual: esa misma, que impone un nuevo orden: rendir culto al cuerpo. Ya pasó de moda cuando las mujeres con buena pierna y cadera eran de la locura de la gradería de sol. Ya se dejó de lado, un pudor que caracterizaba a la belleza por la ropa que llevaba encima. Empezando por una ropa interior, que permitía destapar algo. Ahora hay que destapar y rebuscar bastante para encontrar esa llamada ropa del siglo XXI. Una minúscula, pero también miembro del ocultismo más fino, porque despliega sus costuras hasta donde los malos olores se devuelven.

 Mientras, el discurso oficial sostiene a una mujer maravilla en portadas que deja estupefactos a más de uno cuando en la contra portada aparecen en posiciones jamás vistas en el kamasutra.  La modelo, la vedette de almanaque, la diosa oficial de nuestra sociedad del consumo aparece como un objeto: todo parte de la carnada publicitaria, que pone al pueblo a babear ante tanto desorden.

 Vociferemos, a los cuatro vientos, porque alguien tiene que decirlo. Por bella que sea: una mujer no es, no puede ser y nunca será un mero dibujo, un logotipo o una insignia del mercado. Son muchas las jóvenes que creen tocan el cielo cuando ven esos ojos, esa boca, esos senos suyos merecedores de tal cumplido al engalanar los anuncios de hoteles cinco estrellas, cerveza, guaro y carros último modelo.

 Por eso propongo exijamos más, para pedir una conciencia de igualdad, que parece de mentira, donde la dosis de su propia medicina pondría a un varón al frente de un lente que más que acusador le acose hasta la intimidad de una cama para pedirle con suspicacia una sonrisa y una abertura de piernas.

 Y propongo que ya las mujeres no se atormenten con ese rito del cuerpo perfecto, menos por darle gusto a un mae que solo quiere satisfacer ese placer interno que solo da la vista.

 Les recuerdo que la mujer joven tiene todo un arsenal de riqueza, pero como bien dijo Sergio Zamora hace algunos meses en el escritorio del depósito de papá: “La mujer madura tiene luz. Uno la conoce y ella lo conoce a uno”.

 Eso es para que entendamos en palabras de este sabio caballero que el mejor complemento está verdaderamente en lo que uno tiene en casa no esas cosas efímeras que la vida pone de frente por casualidad del destino, que puede fregarle la vida a toda la familia. Por eso hoy mi artículo inició con la luz de mi abuela parafraseando la luminosidad, que vemos todos sus descendientes en aquella hermosa mujer madura, pero sobretodo buena y sabia… nuestra abuelita.