HISTORIAS REALES

MDH. Marlon Mora
Compartiré dos historias reales, que me han llegado a la memoria y que cualquier semejanza son mera coincidencia… el punto de reflexión está a la orden; disfrútenlo.
Dulcinea es una mujer guapísima de esas que con su porte y forma de caminar hipnotiza. Su belleza parece una maldición, porque cada vez que conoce a un tipo la vida se le enreda. La culpa en palabras de ella misma aflojarlo tan pronto…
Aquella despampanante jovencita tenía 23 años, cabello negro lacio, una figura de esas empacaditas y una cara a la que todos le sonríen. Para mantener ese cuerpazo debía cuidar todas sus costumbres: comer bien, hacer ejercicio y un masajito cada fin de semana, como verán la nena no es una limpia: paga gimnasio y spa.
Amante de la lectura y estudiosa de las curiosidades era normal verla comprando en los puestos de revistas especializadas para así saciar su interés por temas de avances tecnológicos, nuevos modelos de economías cooperativas o bien datos biográficos de personalidades políticas o científicas. Mencionó este dato porque fue con le tiempo una de sus potencias.
De esta manera, trascurría sin más la vida de Dulcinea, quién con el pasar del tiempo se encontró con un tipo que la enamoraría y haría de su vida un calvario: la razón después de algunos meses se le entregó y él en una juerga con sus amigos lo presumió todo. “¿Quién se hubiese imaginado… tan modosita la chiquilla?”, decían algunos…
La misma semana todo el pueblo sabía del chisme inclusive los detalles con algún grado de exageración llegaron a sus padres, quienes la condenaron a dejarlo. Años después aquellas lecturas le sirvieron para casarse con un hombre maduro y buena gente…
Lo contrario…
Lucho es un carajillo de esos buena gente, proviene de una familia acomodada y le gusta complacer a sus amigos con detalles. Sin embargo, en el camino se tropezó con una situación que bien justifica el reconocido refrán “jalan más dos de esas que una carreta”.
Dicen los amigos de Lucho en broma que ellos no lo culpan de todas las complacencias que le da a su novia, porque de la misma manera se encargarían de limpiar, aplanchar, cocinar y hasta lavarle los calzones: la razón su belleza es de esas que merecen atenciones.
En tres años de noviazgo Lucho ha echado por la borda tiempo, amigos, familia y dinero. Sin embargo, se muestra feliz. Las enseñanzas de este caso necesitaron algunos años cuando la belleza se acabó y la paciencia también. Cuando un poco más viejo llegó a un pueblo y se encontró con Dulcinea: una mujer normal de cara redonda y cuerpo de barbie repollo, pero muy buena compañera y cómplice… eso es lo que llaman paradójicamente particulares.







