Montado en la carreta
Quisiera compartir el origen de una famosa expresión utilizada por muchos costarricenses y que data hasta en la Gaceta Oficial (1870): “estar montado en la carreta”.
Cuando Costa Rica organizó el transporte de café de San José a Puntarenas, principalmente a finales del siglo XIX y principios del XX, eran miles las carretas que llevaban el café hasta el Puerto.
Asimismo, eran miles de boyeros los que trasportaban el grano desde diferentes partes. Costa Rica llegó a exportar hasta 440.000 quintales anuales de café por la vía a Puntarenas. Cada carreta transportaba 10 quintales, lo que significa que se necesitaban más de 40.000 viajes de carreta hacia Puntarenas en cada cosecha.
Como detalle es interesante saber que cada carreta necesitaba 16 días para ir y venir exportando el café durante enero, febrero, marzo y abril. Un carretero haría de cuatro a cinco viajes por temporada, por lo que estamos hablando de entre 8.000 y 10.000 carretas las que participaban en la exportación del grano de oro. Se comprenderán las interminables filas de carretas que iban hasta Puntarenas y regresaban a San José. De esta forma, el tránsito tenía que ser muy ordenado, si se considera lo angosto de la carretera, los daños que las mismas sufrían sin contar los problemas propios de la geografía.
Por lo tanto, el Gobierno estableció un reglamento sobre cómo debían ser conducidas las carretas y el comportamiento de los boyeros. Para el cumplimiento de dicho reglamento se estableció una policía de carreteras -a caballo- la que constantemente patrullaba en uno u otro sentido para vigilar el cumplimiento cabal de las normas.
Una de los cánones indicados era la prohibición absoluta de conducir la carreta montado en ella. El reglamento estipulaba que el boyero debía ir al frente de su yunta de bueyes, y no, como sucedía con frecuencia, que, al cansarse el boyero, se sentaba en la compuerta delantera de la carreta y dirigía los bueyes con los pies apoyados sobre el timón (punto de vista lógico debido al desastre que podía causar en la vía un espanto de los bueyes).
Sin embargo, los boyeros usualmente tomaban mucho licor durante el viaje. Ya fuera para calentarse del frío en la carretera, para matizar a la querida que llevaban en andas, para celebrar que se había liberado del ojo opresor del pueblo o para sobrellevar alguna pena. Cuando estaban tan ebrios que no podían sostenerse no les quedaba más remedio que montarse en la carreta y dirigir desde allí a los bueyes.
Cuando los tombos de la época montados a pelo los sorprendían en esa situación, de inmediato les ponía una infracción que implicaba una multa, la cual debía ser publicada en La Gaceta Oficial de la época (1870-1890). Allí, se podían encontrar largas listas con ese tipo de infracciones, que dicen más o menos así: “Fulano de tal: Un peso de multa por ir montado en la carreta”. Esto significaba que se había sobrepasado en la ingesta de licor, lo que lo obligaba a abandonar su puesto al frente de sus bueyes.
Así, trascendió hasta nuestros días y se interiorizó la expresión “estar montado en la carreta” y su correspondencia con estar hasta el copete, tapis, borracho, jumo o ebrio como es en la actualidad se conoce aunque la frase por sí sola no tienen ninguna relación con esa condición.
Claro ni idea tienen mis compadre en el centro cuando se montan en la carreta que emulan la acción de aquellos hombres que crearon nuestra Costa Rica con sus viajes al Puerto.
