Santa Ana cumple 102 años

Ricardo Morales Azofeifa
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De cuando en cuando, se nos ocurre que hace 102 años, este poblado era dirigido por algunos liberales que querían desarrollo y escuelas, junto con algunos conservadores a quienes para nada atraía la idea de hacerse “pacuaqueños”. A la mejor por los prejuicios contra los indígenas que poblaron y pueblan este territorio. La cosa es que nos quitamos a Escazú de encima al tiempo que algunos “blancos” de sepa, se quedaron con el sueño eterno de ser herederos de Garcimuñoz y no tributarios de Quitirrisí.
Lo cierto es que Santa Ana, comparte junto con el cantón de Mora, el ser vecinos de la tierra de los “meneones”, quienes vinieron a reemplazar a Pacacua en los prejuicios meseteños… -vienen de todos lugares y también de Puriscal- decía el locutor Rafael Aguilar en las emisoras de radio de los años cincuenta y sesenta, haciendo alusión al estereotipo de “polo” o “polada” con el que se estereotipaba a las personas que trabajando en agricultura; una vez a la semana sacaban sus productos a la Plaza de verduras o Mercado Borbón.
Bien que mal, Santa Ana venía a ser como un término medio entre el añejo Escazú de adobes y tejados y los campos agrícolas del oeste; es solo que la vieja espinita de sentirse “garcimuñosesanos” vino a generar un nuevo estereotipo “el valle del sol” y con eso destapamos la “caja de Pandora”, porque el oeste de San José empezó a destinarse para un desarrollo inmobiliario, que albergara centros comerciales y financieros y habitado por los grupos sociales de alto nivel adquisitivo.
El eslogan del “valle del sol” fue un imán para la compra venta de propiedades, las fincas agrícolas desaparecieron y en su lugar se levantaron condominios y centros fabriles y financieros. Esta particular manera de ver el mundo desde la perspectiva de “los de arriba” nos hizo en serio perder el norte de nuestra identidad cantonal; ya no somos campesinos, no somos indígenas, no esta muy bien demostrado que Garcimuñoz haya estado por acá.
Nuestro acceso a los empleos abiertos en el “enclave financiero comercial” de Pozos ha sido tangencial y peor aun; a causa de la situación del Tapezco, los permisos de construcción van destinados fundamentalmente a nuevos pobladores en el resto de Santa Ana, en tanto los salitraleños, dan palos de ciego en la aventura de construir su futuro.
De pronto; cualquier empleado del Gobierno Local, quiere “razgar vestiduras” por el desespere que supone la mentada Crisis Inmobiliaria y que ya nadie construye ni donde se “podía”. Alguien que creyó que es bueno que en santa Ana se siga construyendo a diestra y siniestra porque eso genera “recursos”. “¿Para qué tractores sin violines?” diría el viejo Pepe. ¿Para qué quiere la Muni construcciones, si ya casi no nos queda Santa Ana? Decimos nosotros.
Hace 102 años nuestros abuelos decidieron la construcción de un nuevo cantón, nos separamos de Escazú, nos diferenciamos de Mora y de Puriscal y comenzamos a caminar. A lo largo de este siglo hemos entendido que cosas malas pueden suceder de las mejores intensiones y que cosas buenas surgen de la unión y de la comprensión de nosotros mismos y de los demás.
Hoy tenemos una gran oportunidad de construir futuro a partir de nuestras propias necesidades y con base, en la visión de cantón que queremos construir.
El Plan de Ordenamiento Territorial, nos abre la oportunidad de aportar nuevos criterios sobre la Santa Ana del futuro. Debemos sentir los retos que se nos presentan como la oportunidad de aprender a hacer bien o mejor las cosas. Somos parte de un cantón y de una región que tiene mucho para dar, esa es la promesa para las generaciones futuras de disfrutar del valle y las montañas, de los ríos y de los espacios de recreación.
Somos 102 años más viejos, eso debería ser suficiente para tomar del pasado lo bueno, desterrar los prejuicios y adentrarnos en un nuevo siglo lleno de brillo y promesas para todos y todas.

