TIEMPO DE SIEMPRE
Guillermo Ramos Morales
Colaborador de El Piadoso
El ahorro
Siempre me ha parecido que, entre nuestras deficiencias educativas, una de las más notables es la impreparación que padecemos para manejarnos económicamente. Estamos muy maleducados al respecto.
A menudo adquirimos lo innecesario con
mayor interés y urgencia que lo estrictamente necesario. Aparte esto, hemos conocido gente que parece desesperarse por despojarse del dinero con que cuenta, lo antes posible, como si le estuviera estorbando.
Otros, siempre que se les ofrece algo a crédito, lo adquieren de modo automático, sin tomar en cuenta que eso les sale más caro a causa de los intereses.
Hay quien gasta tontamente, solo por aparentar solvencia económica o por competencia social, para no quedarse a la saga del vecino.
De estas formas y otras más muchos compran intranquilidad o apariencia de bien vivir.
Antes, en épocas que fueron tal vez más difíciles para hacer acopio de dinero, se aconsejaba mucho el ahorro previsor, aunque fuera de carácter mínimo y si esto no hacía feliz a nadie, tampoco lo volvía infeliz.
Tener un ahorro, entonces, era poseer un fondo al cual acudir, en caso de necesidad.
Por eso y a veces a causa del escuálido esfuerzo ahorrativo, se decía que ciertas personas, entre las cuales había señoras y señoritas, al morir habían dejado por allí, como decían los campesinos, un fondillo, es decir, en pequeño ahorro.
