TIEMPO DE SIEMPRE
EL JARETAZO
El empleo del término con que titulo el presente comentario supongo que trae de inmediato a la mente el concepto de vulgaridad, pues en nuestro patio se conoce como jareta el dispositivo del pantalón masculino que sirve para facilitar el hacer aguas. De tal modo, jaretazo sugiere alguna forma de impacto con tal adminículo pero, como iremos viendo, se trata de algo distinto.
En cuanto a la sugerencia de vulgaridad, mencionamos el término con el sentido que tiene de algo propio del vulgo, o sea el común de la gente popular, vale decir, quien aquí escribe y quienes aquí me leen.
Hechas estas especificaciones, intento explicarme y explicar el sentido que se le ha dado al hecho de que un caballero haya protagonizado un jaretazo, como una especie de hazaña consistente en haberse promovido con éxito para conquistar a una mujer, con base en atributos, ciertos o supuestos, que lo acreditan como alguien especial por sus dones físicos o psíquicos, de tal manera que le ha resultado fácil su éxito a causa de algún atractivo poco común y que lo ha vuelto irresistible ante las damas en general y específicamente con respecto a la “víctima” del intrigante fenómeno llamado jaretazo, como hecho consumado, de mayor consistencia y azote que un simple golpe de suerte.
Se dan casos en que resulta incomprensible el logro que mencionamos como cuando ocurre de tal modo que lleva a la gente a decir que el peor chancho se lleva la mejor mazorca, pero lo que pasa es que resulta a menudo desconcertante la manera de conducirse de las damas en el plano emocional, donde parece que a veces el recurso de inteligencia queda fuera de ocasión y de lugar o, a lo mejor, como dicen también, el caballero en cuestión tiene la gracia escondida.
Sea como fuere, la oportunidad de acertar en el blanco con un jaretazo rotundo e indiscutible, no parece darse para cualquier hijo de vecino, sino que es una especie de don o de virtud que a menudo enciende la ira o la envidia de los desafortunados que se quedan para vestir santos.

