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TIEMPO DE SIEMPRE

Submitted by ale on 12/08/2010 – 6:25 pmNo Comment

En aquel entonces había pocas casas desde Brasil hasta Piedades. Para ir a ver los portales, nos íbamos hasta la casa de doña Margarita Vargas, donde empezaba nuestro recorrido.

La chicha de doña Margarita era muy fuerte. Había un barril de este liquido ardiente y, no muy lejos de ahí, estaba don Wenceslao mascando tabaco (cuecha). A mí me gustaba la chicha pero era muy pequeña para tomarla. Yo le decía a mi mamá que me diera, pero ella, para quitarme esa idea, me llevó donde estaba don Wences y me dijo: ¿Ve usted a ese señor que está cerca del barril? El le echa cuecha de vez en cuando para que se ponga fuerte. Así fue como no probé la chicha de doña Margarita.

La segunda casa que visitábamos era la de don Tino Quesada y doña Leonor; seguíamos con la casa de mi tía Antonia Rivera y don Balbanero; continuábamos nuestro recorrido hacia la casa de mi madrina doña Juana Cascante y de don Antonio Castro; pasábamos por la casa de don Manuel Jiménez y doña Antonia.

Había muchas casas con portales muy bonitos, pero esas que mencioné eran las que visitábamos más. Luego llegábamos a la de doña Celina Mena, donde nos daban la chicha acompañada de bizcochos, pan casero y tamal asado. Culminábamos en la casa de mi tía María Jiménez. Yo tenía entonces siete años y, cuando visitábamos la última casa, toda la gente ya estaba borracha de tomar tanta chicha. Mi tía María me ofrecía chicha y me decía que tenía jengibre y que era buena para las lombrices.

Era muy bonito porque la gente esperaba el 25 de diciembre para disfrutar de las portaleadas, luciendo sus mejores vestidos y estrenos, algunos hechos por nuestras madres. Había vestidos volados con sus fustanes engomados para darles más volumen a las faldas.

Con el pasar de los años, entrando a la adolescencia, las parejas se podían ver cuando se cruzaban durante el recorrido de Brasil a Piedades.

Las muchachas y muchachos se tiraban cuerda y empezaban las copadas y los noviazgos. La gente iba y venía hasta las seis de la tarde, hora en que terminaban los paseos; todo el mundo se iba a descansar a sus casas para retomar las fiestas de año nuevo próximas a celebrarse.

(Espacio cedido a Francisca “Paquita” Rivera Jiménez)