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LOS APORTES DE DON LEONEL
Leonel Porras Araya
Requisitos para una buena oración
FE – HUMILDAD Y EL CORAZON PURO
En un pueblo de la antigüedad no llovía hacia mucho tiempo. El Profeta Elías desafía a los sacerdotes de las divinidades falsas. Estos oran y suplican a sus dioses que llegue la lluvia y nada. Elías con gran Fe pide a Dios y aunque tuvo que esperar, si oración tuvo efecto y cayo un torrencial aguacero.
Cuando Jesús dice a la mujer de Cananea que no es lícito dar el pan de los hijos a los perros, ella no se da por vencida y delante de los presentes se postra de rodillas y humildemente espera que Jesús no la deje con las lágrimas a flor de los ojos.
Así lo afirma San Marcos en el capitulo II de su evangelio: “Tengan fe en Dios que todo los piden en la oración, crean que ya lo han conseguido”.
A veces nuestra oración tiene punto de coincidencia con la oración del Fariseo: Oramos con altanería porque hicimos una novena, porque fuimos a la Romería, o porque dimos una limosna generosa.
Ante el silencio de Dios, aparece nuestro capricho, nuestra falta de fe y decimos:
“Para que seguir rezando o haciendo lo que hice, total, todo sigue igual”. Definitivamente la humildad no es nuestro lado fuerte ante Dios.
En la vida se trata de desear y elegir lo que mejor nos conduzca a este fin: En concreto, hacer lo que Dios desea para cada uno de nosotros.
Cuanta mayor oración, mas vida espiritual pero siempre debemos examinarnos como nuestro amor a Dios, a la Iglesia, a la sagrada Eucaristía y a la Virgen María y al ser humano en concreto.
Pidamos fuerza a nuestro Dios para manifestar cada día a Cristo pero a cara descubierta con sinceridad y o hipocresía y falsedad.
Recordemos que nuestro corazón es la sede de Dios en nuestro cuerpo.
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