|

LOS APORTES DE DON LEONEL
Leonel Porras Araya

LOS ANGELES XI – LOS MENSAJES DE LOS ANGELES
La Sagrada Escritura los llama mensajeros de Dios. Cuando Moisés la zarza ardiendo sin consumirse; un Ángel le habló así: “Quítate las sandalias porque el lugar donde estas es Santo”.
Es que nadie vera el rostro del Señor y seguirá viviendo.
Es por esto que Dios utiliza a sus Ángeles para transmitir sus mensajes. Cuando Pablo prisionero de los romanos, naufragó su barco, un Ángel de Dios se le aparece y le dice: “Llegaras sano a Roma para que puedas comparecer ante el Cesar y defender tu causa”.
Un Ángel se le aparece a Zacarías y le anuncia que su mujer Isabel concebirá n hijo que debe llamarse Juan. El anciano duda de esto sea cierto, por cuanto es un viejo y su mujer también y además es estéril. El Ángel le dice: “Quedara mudo hasta el nacimiento del niño.
Al Patriarca Abrahán Dios le promete una inmensa descendencia, él ríe porque es un anciano de cien años y no tiene hijos. Dios cumple la palabra y cuando el niño es adolescente, le pide que se lo sacrifique. Cuando levanta el brazo para matar a su hijo, un Ángel detiene el Brazo fuerte del padre.
El Arcángel Gabriel es enviado a la Virgen María para anunciarle que ha sido escogida por Dios para ser la Madre del Redentor. Ella con profunda humildad le dice: “¿Cómo puede suceder esto si no conozco varón?” Esto significa que ella le había ofrecido a Dios su virginidad a perpetuidad.
La verdad es que nuca sabemos cuando una situación corriente puede convertirse en algo amenazante; pero Dios s lo sabe, ya sea que mi peligro sea físico, espiritual o emocional; pero su brazo poderoso y sus Ángeles están prontos a auxiliarme y sostenerme cuando me siento demasiado débil para estar de pie.
Estos relatos nos dicen que tú mueves de manera maravillosa todas las cosas y los acontecimientos. Gracias por mantener la fe y decirme que ninguna petición es insignificante ni difícil para que puedas aceptarla.
Cuando necesito tu ayuda hazme recordar que la oración es mi primer y ultimo recurso de mi vida.
* Tomado del libro:
Un Ángel de cada día – Ann Spangler
Subir
|