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ASALTOS Y EXÁMENES DE LABORATORIO

Un cuento sobre

LA PRIMERA POESÍA ESCRITA EN C.R.

UNA HISTORIA DE REGAÑADAS

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LA LLORONA

 

 

 

 

 

 

 

LA CARRETA SIN BUEYES

Un cuento de terror

LA CARRETA SIN BUEYES

Por Q.R.

Aquel tercer domingo de junio, allá en el vecino y consanguíneo cantón de Escazú, como parte de la celebración bastante comercial del Día del Padre, se realizó una concentración de boyeros con sus clásicas y folclóricas carretas tiradas por yuntas de bueyes. Sabido es que en Sarchí se inició la fabricación de las mejores carretas típicas tiradas por bueyes y sin duda la centenaria fábrica de don Eloy Alfaro fue la gran pionera de esta artesanal y artística indus...

 

(Rrriiinnnn...rrrriiinnn..... ¿Aló?, sí, con él... de Uruca, aquí, en Santa Ana... las hermanitas Mora... ¿que por qué no escribo respetando el feminismo que se ha venido imponiendo desde la aprobación de la Ley de Igualdad Real de la Mujer? Bueno, amiguitas, veamos qué podemos hacer, empezando el cuento de nuevo).

 

Aquel tercer domingo de junio, allá en el vecino y consanguíneo cantón de Escazú, como parte de la celebración bastantes comercial del Día del Padre y de la Madre, se realizó una concentración de boyeros y de boyeras con sus clásicas y folclóricas carretas, unas tiradas por yuntas de bueyes y otras por yuntas de bueyas.

 

Aquí debemos aclarar que los bueyes y las bueyas son una consecuencia de la castración respectiva de los novillos y de las novillas. A estas últimas lo que se les castra son sus incipientes glándulas mamarias vulgarmente conocidas como ubres. Esto da lugar a que tanto los unos como las otras desarrollen su corpulencia, sus cachos y sus cachas, indispensables para poder desempeñar el pesado trabajo para los y las que fueron uncidos y uncidas (aquí los amables lectores y las amabilísimas lectoras deben salir corriendo a buscar un diccionario).

 

Esta típica actividad escazuceña motiva la alegre visita, en el ámbito social, de muchos ciudadanos y ciudadanas, padres y madres de familia con sus niños y niñas los casados y las casadas, y también los solteros y las solteras porque ahora la moda es que estos y estas tengan más niños y niñas que aquellos y aquellas.

 

En el ámbito zoológico, la actividad se combina armoniosamente con el ya tradicional tope: por aquí, algunos varones y algunas varonas, ataviados y ataviadas con la clásica vestimenta de los cauboy y las cauboyas de las películas del Oeste, montan en briosos y briosas, soberbios y soberbias caballos y caballas, digo, yeguas. Por allá, una carretita en miniatura, adornada con cintas de colores chillones, es tirada por un cabro y una cabra. Por otro lado, una carreta, sin bichos o bichas que la jalaran, era objeto de la mayor curiosidad: tenía a un hombre y una mujer de mediana edad ambos, tirando de ella. Él lo hacía del lado del timón, con gran esfuerzo metiendo los hombros debajo del yugo y, por detrás, ella hacía titánicos malabares para que la carreta se moviera para su lado.

 

-¿No le parece raro ese espectáculo? – le pregunté a un vecino y a una vecina del lugar.

 

En absoluto – me contestaron – él y ella son de San Antonio y siempre vienen todo el tiempo con esa carreta a estos actos. Se divorciaron hace añales y lo único que llegaron a tener como propio en sus años de casados fue esa carreta. Aquí ambos tratan de ver quién se queda con ella pero siempre salen empatados. Es una costumbre porque cuando vivían en santo matrimonio también cada cual jalaba por su lado a pesar de que en ese tiempo sí tenían bueyes y bueyas.

 

(Rrrriinnnn...rrriiinnn.... ¿Aló?... ¿Las muchachas de Uruca? ¡Ajá!... que mejor siga escribiendo como lo hacía antes... que de todos modos el Español es el idioma nacional, así consagrado en el artículo 76 de la Constitución... ¡Gracias, mocosillas, gracias, ya me estaba empezando a malacostumbrar! ¿Que qué pasó con el cuento de terror de la carreta sin bueyes?. A eso vamos, niñas, sigan leyendo).

 

El cuento de la Carreta sin bueyes me lo contó Teodolito Gutiérrez, un topógrafo amigo mío. El mismo que anduvo por Matinilla durante el invierno pasado, que fue muy bravo, y en el que todo el mundo aquí en Santa Ana le pedía a gritos al cielo que cerrara las llaves para que el Tapezco no se nos viniera encima. En esa desesperante ocasión me encontré con Lito, como le decimos cariñosamente, y le pregunté que cómo estaba la cosa, que si se venía o no se venía, que si nos íbamos a confesar o si salíamos corriendo... que mi casa está exactamente en la trayectoria del cause del río Uruca.

 

Vos no te preocupés por nada – me consoló – porque yo ya he hecho mis cálculos y si el cerro se viene la casa tuya va a agarrar una gran plusvalía.

 

¿Cómo se te ocurre? ¿Qué tipo de cálculos hiciste?

Pues de acuerdo con mis números la casa tuya va a valer muchísimo más de lo que vale ahora porque la inundación, el cachimbal de barro y piedras que bajará por el Uruca, va a arrastrar tu casa hasta dejarla exactamente al lado de la de don Luis Alberto Monge en pozos.

 

- Me huele a que tu título de Ingeniero Topógrafo lo topografiaste vos mismo. En serio, ¿vos crees que se venga?

 

¡Claro que se viene! Si ya pasó: al otro lado de Matinilla, por el lado de Escazú, se vino tamaño esbarrumbe que hasta se llevó para abajo el rancho de don Bromelio Muñoz. Él y la señora se salvaron porque andaban en el novenario de don Gorgonio Sáenz...

 

¿Murió don Gorgo? ¿De qué, si estaba muy chirote de salud?

Un uñero...

 

¿Cómo un uñero? De eso no se muere nadie...

 

Pues sí – continuó el ingeniero -, comenzó a jalarse un pellejillo que le jodía mucho encima de la uña del dedo gordo de la mano izquierda y fue jalando y jalando hasta quedarse completamente chingo de pellejo. La parte que más le costó fue la de la entrepierna, muy incómoda.

 

¡Ese novenario fue entonces el que les salvó la vida a don Bromelio y señora...!

 

Pues no propiamente el novenario sino el montón de comida que dan en esos rezos. ¿No te has fijado que durante los ocho primeros rezos para ael alma de los finaos solo están los familiares más cercanos y en el noveno llegan de todos lugares y también de Puriscal? Sin embargo, a pesar de que habían dejado la carreta en una troja como a cincuenta metros del rancho, lo que la salvó, el terraplén no solo se llevó la humilde vivienda sino que arrasó también con aquella yunta de bueyes que tenía, que se parecían mucho a los famosos maizoles de don Ricardo Jiménez , el boyero del barrio de Las Latas, allí por donde vos vivís.

 

¡No me digás que don Bromelio se quedó con la carreta sin bueyes...!

 

- Sí. Ahora la alquila a los bromistas de Salitral para que se diviertan asustando a los trasnochadores del lugar. Cuando más agarra platilla es en octubre, cuando se acerca el día del jalogüín.

 

Este Lito, que a menudo lo veo cerca del edificio municipal, a veces tiene ideas muy raras. Una vez me lo encontré viendo un partido de fútbol en el restaurante El Tablado, en Piedades, bastante amargado por cierto porque Brujas le iba clavando dos a cero a su idolatrada Liga, Liga. Tomando un par de cervecillas me contó que había quemado el cupón premiado de una rifa para un safari al Congo, en el centro de África. Algo con lo que sueña más de un millonario en el mundo.

¡Pero qué bruto sos! ¿Por qué lo hiciste?

Sencillamente porque le tengo terror a los antropófagos y no solo en el Congo, todo África esta lleno de ese tipo de caníbales... Allí cualquier pigmeo se lo come a uno en un abrir y cerrar de mandíbulas.

 

- ¡Sias bárbaro... eso es una fobia racial. En la República Democrática del Congo, que así se llama ahora, ya no existen recetas culinarias que se preparen con esa clase de ingrediente y los pigmeos ya no son una tribu salvaje, algunos de ellos hasta juegan con equipos de la UEFA.

 

- Mirá – me dijo con convicción -, algunos han de quedar allá como aquí en Costa Rica quedan todavía nativos en muchos lugares. No es el hecho de que un tipo de esos se lo eche a uno al buche sin siquiera lanzar el más mínimo eructo, no. Lo que me causa pavor es la posibilidad de terminar dando vueltas en las aguas de algún inodoro.

 

Después de escuchar semejante barbaridad, pedí mi cuenta y me fui a terminar las birrillas a Salitral con la esperanza de que en algún recodo me saliera la carreta sin bueyes.

 

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