Historial

Don Jafet Castro Guerrero (III PARTE)

Don Jafet Castro Guerrero (II PARTE)

Don Jafet Castro Guerrero (I PARTE)

La Verdadera Historia
LA LLORONA

 

 

 

 

 

 

 

ESTAMPA SANTANEÑA

 

UN SANTANEÑO LEGENDARIO

Por Q.R.



Don Jafet Castro Guerrero (IV PARTE)

Para esta cuarta entrega de las vivencias que nos legó don Jafet Castro, vamos a concretarnos a recordar algunas otras de sus sabrosas anécdotas, dejando para la quinta y última de estas estampas disfrutar de otra de sus grandes inquietudes: estarle gastando bromas a todo el que se le pusiera frente a su mira.

 

Don Jafet y Japie Kerr

En cierta ocasión, al restaurante El Coco se acercó otro fanático del deporte de los cachimbazos reglamentados y si mal no recordamos se trató del famoso Japie Kerr, quien hizo su aureola de buen boxeador peleando como los buenos: desbarataba a uno por aquí, mandaba al hospital a otro por allá y descuadraba a Kid Lona por acullá.

 

Pues bien, nuestro buen amigo se acercó a una mesa que solícito atendió don Jafet. Luego de escuchar el menú se decidió por un arroz con pollo, lo que acertó gurméticamente puesto que lo arreglaba la abuela Luisa , toda una cuchara de exquisiteces comenzando por su pan casero. Mientras le llegaba el pedido se dio a la tarea de pensar: “¡Qué barato, todo un buen arroz con pollo por tan sólo ¢2,25!” Poco tiempo tardó para estar frente al humeante y aromático plato.

 

- ¡Oiga, señor, ¿no tiene usted por ahí un poco de salsa de tomate?!

 

Jafet rebuscó en el área de los condimentos de mesa y no halló envases con esa salsa.

 

- ¡Vito, andá donde los Acuña y me comprás una salsa de tomate – le pidió a su hijo, Vito, entregándole ¢3.00.

 

El hijo del dueño del negocio hizo el mandado y el cliente se vio favorecido con la dichosa salsa. Tomó el envase, lo agitó vigorosamente, lo destapó y se dio a la tarea de comer no arroz con pollo sino salsa de tomate con arroz con pollo. Cuando terminó de saciar el apetito no quedó en el plato huella alguna del pollo, granza alguna del arroz, ni gota alguna de salsa en la botella.

 

-Oiga, doncito, me podría traer un palillo de dientes y la cuenta, por favor – solicitó Japie.

 

Jafet se acercó, miró lo que había quedado de la orden servida y le contestó: -Vamos a hacer una cosa, amigo: yo le regalo el arroz con pollo pero usted me paga la salsa de tomate... ¿de acuerdo?

 

Una birra por favor…

Otro cliente de paso, llegó al mostrador de la barra y pidió una cerveza. Se la sirvieron junto con una jarra. El cliente tomó la cerveza, la acercó al borde de la jarra y comenzó a vaciar el líquido, poco a poco, pero conforme vaciaba iba alzando la botella hasta una altura que hizo que todos los que estaban en la barra comenzaran a observar la maniobra. La jarra quedó colmada de espuma, que el cliente iba sorbiendo con gusto.

 

Veo que le encanta la espuma de la cerveza – le comentó Jafet.

 

Claro que sí, para mí es el deleite supremo.

 

Máxime cuando está bien fría – siguió comentando el dueño del local.

 

Es cuando mejor sabe...

 

¿Y piensa seguir viniendo por aquí a tomar cervecita?

 

Claro, estoy bien atendido.

Eso es bueno saberlo, porque la próxima vez que venga y me pida otra cerveza...¡se la voy a pasar por la licuadora!

 

Don Jimmy y sus cigarrillos

Don Jimmy Laín, acostumbraba visitar El Coco los domingos para departir con sus amigos. No tardaba don Jafet de destapar la primera cerveza cuando ya su cliente tenía encendido el primero de varios cigarrillos, que, sin reparo alguno, empezaba a sacudir con sus dedos índices para eliminar la ceniza. Así , poco rato después el piso a su alrededor se hallaba adornado con un montón de colillas aplastadas que navegaban entre los miserables despojos incinerados del tabaco.

 

A Jafet esto no le caía muy bien y se apresuraba a atacar el desaliño colocando varios ceniceros al alcance de la mano de Jimmy, sobre el mostrador. Sin embargo, ya por descuido o por pudrirle al alma a Teina, Jimmy continuaba arrojando cenizas y colillas al suelo.

 

Un domingo de tantos, se acercó este cliente al mostrador, saludó a sus amigos, pidió su cerveza y encendió el consabido cigarrillo. Jafet la puso la birra y el vaso y de inmediato dio la vuelta al mostrador, salió al área del público y puso en el suelo, alrededor de Jimmy, quince ceniceros.

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