
Con Doble M
MDH. Marlon Mora
Hace unas semanas tuve el gusto de escuchar cantar a un costarricense de sepa en un escenario que le sentó de maravilla: el Teatro Nacional. Aquel muchachon en escena era nada más y nada menos que un piadoso, uno de los pocos que ha logrado todo lo que se propuso sin olvidar su raíz: Ricardo Padilla.
Ese hombre que en escena tiene una “garra de león” y un espíritu de “amante” lo digo en alusión a sus famosas canciones: “Garra de León” y “Ni amante ni amor ni nada”. Ya recordarán anteriores generaciones quién se hizo famoso por cantarle a una provincia donde la brisa huele a playa: Puntarenas…
Debo contarles que su salida a escena me lleno de nostalgia, aunque debo confesar que generacionalmente no me correspondió su época, Ricardo transmitía desde aquel micrófono hasta mi butaca una admiración, un respeto y un gran orgullo de tener a semejante espécimen entre nosotros.
Ricardo mezcla todos los dones de mis cantantes favoritos tiene la potencia de Nino Bravo, el carisma de Pedro Infante, la galantería de Elvis Presley y la interpretación sensitiva de Frank Sinatra. Con todo eso aquella noche deje por un momento la atención de mis cosas, me liberé, dejé el monstruo burócrata que me quiere comer de lunes a viernes en el limbo. Y disfruté el concierto desde bésame mucho pasando por escribiendo y cerrando con el aplauso de la gente pidiendo otra.
Para quienes no lo conocen lo suficiente, además de sus conocimientos académicos ha creado su propio estilo. Cualidad que no es muy común en los artistas actuales. A la edad de los 17 años, interpretó a uno de los personajes centrales de "La forza del destino", de Verdi.
En 1964 dio varios recitales en el Teatro Nacional, con música de compositores clásicos. Ha compuesto innumerables canciones y con el fin de lograr su proyección internacional, viajó a México donde grabó con Discos Musart. Alternó con personalidades de la música como Armando Manzanero, Monna Bell, Lucha Villa, José Sabre Marroquín, Tom Jones, Massiel, Joan Manuel Serrat y otros.
Hoy quiero manifestarte toda mi admiración por esa voz privilegiada y ese don divino que recibiste desde el cielo.
Felicidades Ricardo por demostrarle al mundo que los sueños se cumplen si se anhelan lo suficiente. Sos ejemplo para muchos. ¡Muchas gracias!
Comparto una canción…
Ni amante, ni amor, ni nada
Soy leña que no prende fuego al hacerte el amor
perdónamelo, perdónamelo.
Contigo no siento lo mismo como antes, mi amor
perdónamelo, perdónamelo.
Me pides un intento nuevamente,
pero no, pero no, pero no.
Ni amante, ni amor, ni nada;
no puedo vivir como estoy, a dos aguas.
Ni amante, ni amor, ni nada;
si tengo, hace tiempo, otro amor a tu espalda
perdónamelo, perdónamelo.
Mi cuerpo no tiembla al besarte como antes, mi amor
perdónamelo, perdónamelo.
No hay nada que hagas por mí que me cause tensión
perdónamelo, perdónamelo.
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