
Con Doble M
MDH. Marlon Mora
Cuestión de actitud. Tratando de reconstruir una imagen de un niño aprendiendo a caminar, se encontrarán que ante la mayoría de obstáculos el bebito siempre hace intentos para salirse con la suya. No importa que caiga diez veces, su actitud siempre es abierta, positiva e inclaudicable. ¿O acaso nunca han visto a un niño subir las gradas de la casa cientos de veces sin cansarse a pesar de las dificultades?
He aquí ese gran dilema, qué pasa en nuestras vidas durante la etapa de crecimiento que nos hace perder toda esa magia actitudinal tan potente.
Para muchos padres de familia la manera de resolver conflictos está ligada a una buena tunda o bien a dejar pasar aquella situación hasta que se extinga, como si los conflictos tuviesen la característica de auto-repararse.
Esas y muchas otras equivocaciones las cometemos por falta de información. De ahí, la necesidad de enseñarles formas de resolver sus problemas de manera positiva y sin necesidad de recurrir a sus padres.
De esta manera, se pueden realizar actividades que estimulen un aprendizaje cooperativo desligado de la competencia. Para eso, hay que saber como se sienten los niños para guiarlos en el proceso. Cuando se dirige a ellos sea respetuosa. Defina el problema, identifique los sentimientos, preocupaciones, incertidumbres, los puntos a tomar en cuenta y valore el problema siempre de manera conjunta -con ellos- para que las alternativas creadas funcionen como soluciones perdurables.
Y acá viene lo más práctico y efectivo: la enseñanza está en hablarle qué hacer la próxima vez para que el problema no ocurra de nuevo.
En este proceso es importante reconocer las habilidades que tienen los hijos para alcanzar sus propias soluciones, especialmente, por que meterse en sus terrenos los puede llenar de inseguridades, rabia, frustración o angustia.
Por ejemplo: si la situación ocurre entre dos niños, uno de cuatro y otro siete, y no se hacen daño no se debería intervenir. Hay que darles tiempo a que empleen sus propias técnicas para salir del inconveniente. Claro, si la situación es física, entonces se debe actuar.
Una buena reflexión es preguntarles qué se puede hacer para lograr que regresen a sus actividades, hay que ayudarlos a encontrar una solución juntos y nunca juzgar que hacen bien o mal.
Dicen los expertos que tener una actitud positiva y una mente abierta habla muy bien de esa inteligencia emocional que les permitirá tener mayor éxito en su vida personal en el futuro. El niño aprenderá a lidiar con un conflicto en su vida dependiendo de la manera en que haya vivido sus experiencias en la casa.
Se debe recordar que los conflictos son buenos. Son una parte desagradable de la vida que puede ser utilizada como una oportunidad para enseñar a resolver problemas sin irrupciones violentas, ni control severo.
El Dalai Lama les pide a los tibetanos que aprendan las lenguas chinas para que hablen y no peleen con ellos. Igual debemos mostrarles a los niños la forma de tratar a los demás para buscar en las situaciones conflictivas alternativas de solución, no posiciones que lleven a incentivar la competencia y dañen las relaciones.
Con el pasar del tiempo los conflictos serán vistos de una manera distinta si su actitud ante ellos es menos resistente y más creativa.
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