
Con Doble M
MDH. Marlon Mora
Oficios en peligro de extinción
Honor a quién lo merece. Gracias por el impulso que le da a nuestra comunidad PADRE GERARDO y lo digo en mayúscula porque la labor que viene desarrollando nuestro cura párroco es digna de resaltar.
Con su carisma y forma de ser se ha ganado el respeto de nuestra comunidad que en la homilía le acompaña de manera solidaria. Estamos a sus órdenes. El tenerle acá es una bendición.
Mientras se acerca la navidad quisiera destacar personajes de nuestra historia que con los años son ignorados como se ignoran esos muebles viejos en casas de ricachones que van a parar en el basurero sin recordar, que existen otros que podrían aprovecharlos.
Y he aquí a los protagonistas: parteras, herreros, sastres y costureras, picadores de leña, ordeñadores y ascensoristas
Qué hubiese sido sin una partera de mi padre quién vio la luz en un Brasil de Santa Ana donde el hospital más cercano a caballo ponía a las mujeres en manos de una comadrona. Esa mujer que Dios le había dado el don de poder recibir niños. Aquellas privilegiadas de tocar por primera vez a una de las obras más impresionantes: la vida.
Menos extintos, pero igualmente en peligro: los herreros, aquellos encargados de poner en pleno trote a los caballos… van quedando por obra del destino en la historia.
Sastres y costureras, más el primero que la segunda, en riesgo de acabarse, son profesiones que en el pasado no podían faltar en una comunidad. Recuerdo mi primer vestido entero -de primera comunión- diseñado de la mano del sastre Vindas, ubicado al frente del polideportivo de Doña Herminia. Aquel día fue mágico en mi vida y lo completó la ropa que llevaba encima. Mi tía favorita, la conocida Tía Milda Fernández, es de las pocas que quedan en Piedades. A estos especialistas de la aguja y el diseño les quedo agradecido.
Picadores de leña ¿Qué hubiese pasado en nuestra cocina sin ellos? Adiós a los tamales, las choreadas, el pancito casero y hasta el tradicional gallo pinto con huevos.
Sí, la leña tenía que ser cortada: justo a tiempo, lista para el fogón y sin desperdiciar pedazos del tallo. Así, con un hacha y unos brazos al mejor estilo de la lucha libre un hombre o mujer cortaban la madera y la dejaban preparada para que las brasas de la cocina nos deleitara con sabrosos platillos.
En el Piedades de antes no podían dejar de existir los ordeñadores quienes alistaban a las vacas para extraer a punta de estirar y encoger la ubre: la mentada leche. Gracias a ellos, había queso, natilla, leche agria, arroz con leche y café con crema.
Cantinflas sin aquella profesión no seria el mismo, pues el sube y baja de su famosa película no hubiese encantado. Recuerdo cuando uno pequeñito visitaba la Tienda El Globo y ascensorista, un señor vestido de etiqueta preguntaba con todo el respeto del mundo. ¿A qué piso va usted?
Verdaderamente, la sociedad del consumo los viene relegando como se ha relegado la escritura y ya todos hacemos nuestros trabajos directo en la computadora. Vamos olvidando como contornear las letras y antes de escribir una carta romántica preferimos enviar un correo electrónico: impersonal, superficial y sin calorcito.
Claro, antes de finalizar no podría dejar de rescatar a otra profesión que podría resultar aburrida, pero también se les ignora. Los invito a desearles un buen día.
¿Saluda usted al señor o la señora del peaje? Pues es gracias al peajista que la cola en plena presa avanza, lo mínimo que se merecen es un saludo después de chupar humo todo el día. ¿Verdad?
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