Guillermo Ramos Morales
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Fiesta en Vuelta de Jorco
La tradicional fiesta en memoria de San Isidro Labrador se efectuó el domingo 18 de mayo en Vuelta de Jorco.
Después de misa de 11 se efectuó el desfile, en la calle principal, al norte de la iglesia, para que recibieran la bendición, con agua bendita de estañón y manguera, muchas personas, animales y cientos de vehículos de toda clase: motos, cuadraciclos, lindos automóviles, camiones rurales, furgones y algunas pocas cacharpas.
El cura, sobre un pick up, se divirtió largo rato, aguacereando a cuantos pasaban.
En cierto momento, un descuidado chofer recibió el chorro de agua de manguera en plena cara y soltó un inquerido hijueputazo, que intensificó el oleaje de risas con que se celebraba la fiesta.
Mucha mascota, perros que pasaban a pie o en brazos de sus amas, de variadas marcas o razas.
La bendita mojazón nos alcanzó a muchos curiosos y, en el cercano Bar Solo Bueno, algunos se humedecían por dentro.
Hombres del pueblo estuvieron recogiendo donaciones en tres canastas. Abundaron los billetes rojos, algunos tucanes y también billetes de a diez.
Bonitas muchachas de espléndida dentadura y provocativos cuerpos se movieron de un lado a otro, entre gente lindamente campesina y llena de nobles sencilleces.
Pasado que fue el desfile, degustamos un granizado con dos leches, por la módica suma de quinientos colones.
Nos encanta permanecer en Jorco uno o más días y compartir con sus gentes el aire limpio y fresco, nutritivo, que sube y baja enredado en las arboledas, para luego regresar a San José, bañados por fuera y por dentro, oxigenados por el ambiente natural y humano de ese pueblito, que pertenece no sólo a los vueltadejorquinos, sino a todo costarricense amante de su país.
El almuerzo tuvo lugar, rodeado de amistades, en el centro turístico ecológico Chirraca de la Selva , que tiene sabor a piso de tierra.
Pedimos comida en batea de madera, en que venían varias carnes en tuco revueltas con yuca, con cierre de café negro del bueno y nuevos amigos, que componen la familia Badilla Mora.
La vivencia de la amistad parece haber salido de los cafetales y caminar por media calle en Jorco y alrededores.
La imagen de San Isidro me pareció algo moderna, con sus botas colibrí y cantimplora.
Por esos lados queda Guaitil, terruño de mi viejo amigo Miguel Salguero, que acarrea más de media docena de casamientos en su mochila y cierta vez sintió pereza de desempeñarse como diputado, tal vez porque echaba de menos andar con su cámara andariega Mencha al hombro por los pueblos de su pueblo.
Por cierto que merece, en mi concepto, el Premio Magón para escritores no intelectuales. Es tal vez el hombre que mejor conoce a Costa Rica, por la que ha caminado al revés y al derecho, retratándola, escribiéndola, describiéndola y queriéndola mucho. Con ella sí está casado para siempre, al igual que este servidor, hasta que la ñata nos separe.
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