VEGETARIANISMO
Roberto Jiménez Z. (*)
PURIFICACION DEL CUERPO
Para que nuestro organismo o “vehículo físico”, sea un instrumento obediente a los dictados de nuestra naturaleza espiritual, es necesario mantenerle sano y puro, (somos templos del Espíritu Santo) lo cual se logra únicamente con una higiene natural.
Un organismo impuro o recargado de materias tóxicas y grasas (ingestas de carnes) no puede ser canal ni intérprete de los finos
matices del espíritu. “En un cuerpo grueso enflaquece el alma” dijo Pitágoras; y también, rememorando las enseñanzas de este gran filósofo, o bien dicho por otros pensadores modernos que, “toda reforma moral debe comenzar por la reforma de la alimentación”.
LA CALIDAD DEL ALIMENTO
La calidad del alimento humano, es la base principal de la constitución de los humores y de los tejidos. De aquí que el régimen vegetariano y el ayuno (preferiblemente) sean los factores fundamentales de la purificación física, recomendados unánimemente por todos los hombres auténticamente religiosos.
Al referirnos a la calidad del alimento nos referimos enfáticamente al vegetariano como un régimen de pureza orgánica, no solamente damos por sentada la supresión del alimento cadavérico (carne y pescado), sino también la supresión de todo excitante (alcohol, tabaco, drogas toxicas, extractos opoterápicos, etc.) que pueda producir vibraciones anormales o estados congestivos de los órganos nobles (cerebro, hígado, corazón, glándulas sexuales, etc.) que irritan, esclerosan y desconciertan sus funciones e impide dominio personal.
Además, de las ventajas sanitarias y depurativas que tiene un régimen de higiene natural y de alimentación vegetariana, tienen también la valiosísima condición de permitir el cumplimiento de esa primera ley de la ciencia oculta que es el no matar. La vida inocente del que renuncia, directa o indirectamente, a producir victimas para su mantenimiento, es el paso más bello en el sendero espiritual. Así lo sintieron y expresaron los grandes genios de la vida mística.
Decía San Clemente de Alejandría en su obra “Paidagogos”: “¿Acaso no hay dentro de una frugal sencillez, una gran variedad de alimentos saludables, como verduras, bulbos, raíces, frutos, ensaladas, cereales y otros productos alimenticios?”. “Entre los alimentos conviene dar la preferencia a aquellos que pueden comerse en estado natural, sin recurrir al fuego”. “El Apóstol Mateo vivía de granos, fruta de cáscara dura y verdura, con exclusión de carne. Y el Apóstol Juan nutrióse de tiernas yemas, de hojas y de bulbos de Meleagro”. “La alimentación carnea paraliza las facultades espirituales. Los gnósticos se abstuvieron de alimentos cárneos, a fin de evitar que su cuerpo se inclinara a la concupiscencia.”
San Juan Crisóstomo se expresa así: “Al comer alimentos cárneos seguimos la huella de los lobos y adoptamos hábitos de tigres; o más bien somos aun de peor calaña que ellos…”. “Cuanto más exuberante y corpulento sea el cuerpo, tanto más débil y macilenta será el alma; cuanto más se ceba aquel, más se va sepultando “ésta”. (“Homilías” 69, 13-14).
Nos dice también San Basilio el Grande: “La carne destruye la vida arrastrando al cuerpo a la perdición. El cuerpo agraviado con alimentos cárneos, es infectado por enfermedades”. “La putrefacción de esos abominables alimentos oscurecen la luz del espíritu”.”Sean los manjares cárneos de la índole que sean, siempre y en todos los casos engendran movimientos impuros; el alma, por decirlo así, yace asfixiada bajo el peso del alimento, perdiendo su predominio y su facultada de pensar. En el Paraíso Terrenal no hubo vino ni matanza de animales, ni alimentos cárneos”. “En tanto que se viva racional y frugalmente, la felicidad de los hogares irá en aumento: Los animales se hallarán seguros en la posesión de su vida; ya no se verterá sangre alguna, ni se matará ningún animal. Holgará el cuchillo de los cocineros; la mesa estará cubierta únicamente de la fruta que brinda la Naturaleza, y ello bastara a dar crecida satisfacción de todos…”
“Si sientes afición al alimento cárneo y cebas tu cuerpo, lograrás que es espíritu sea torpe y pesado; la grasa que criará la carne, debilitará las fuerzas del espíritu. Difícilmente puede amarse al virtud, se encuentra delectación en majares cárneos.
Lactancio, el más dogmático de los escritores católicos, nos dice terminantemente que “No cabe establecer excepciones al mandamiento divino de “No matarás”.
San Jerónimo dijo también: “Se nos ha puesto entre los dientes los nervios y el jugo fétido de la carne, de la misma manera como fueron arrojadas codornices a los pies del pueblo murmurador en el desierto. (Romanos 14:21).
San Pedro, según se nos cuenta en el capítulo 11, versículos 7-8, de “Los Hechos de los Apóstoles”, oyó una voz que le decía: “Levántate Pedro, mata y come”, a lo que él respondió: “Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás a mi boca”.
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