Historial

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La doña de los frescos

Suave, loco…

¿Quién dijo sopa?

Qué paso más chévere…

Si pego la lotería…

El comal le dijo a la olla…

ROQUE EN SUS ZAPATOS

Las hermanas Tanquio




 
Parece que por allí anduvieron

TIEMPO DE SIEMPRE

Guillermo Ramos Morales

info@elpiadoso.com

Parece que por allí anduvieron

La sospecha y la malicia son muy propias del ser humano. Por eso, un rumor picaresco echado a andar como carta de baraja de poco valor, crece rápidamente como las bolas de nieve y, al final, se construye todo un edificio cimentado en un miserable rumor inicial.

 

Conocí, hace poco, a una anciana soltera y solitaria que, por sus facciones actuales y su mirada celeste, se nota que ostentó una bella juventud.

 

De pies eternamente descalzos, para mejor saborear el suelo, se hace acompañar de algunos gatos, uno de los cuales se comporta como centinela en la puerta principal.

 

Se cuenta que, una vez, un borrachito le solicitó albergue en su casa de vieja madera y ella no tuvo inconveniente.

 

Sin embargo, pasado cierto tiempo, se dice que el hombre la requirió de amores sin casamiento, pero la respuesta de ella fue que debía consultarlo con el cura del pueblo, no se sabe si por escrúpulos morales o porque (nadie sabe) a lo mejor el de sotana tenía ya derechos adquiridos.

 

Todo eso es muy natural de este mundo y no creo que del otro.

 

Desde siempre, Monchos y Monchas se las ingeniaron para dar lugar a la curiosidad y el traveseo a escondidas. Antes era frecuente que se usaran como moteles los cafetales, los trapiches y las milpas, donde se estuzaron y asaron muchos elotes. Nada que ver con los afamados Mesón Doré, La Fuente o El camino nuevo o, más recientemente, El Edén.

 

A menudo, con la lamparita de ir a “darles vuelta a los animales”, se permitía a las muchachas alejarse un poquito de la casa, pues no existían, como ahora, otros tipos de “asalto”, cosa que ellas aprovechaban para echar sus canas al aire, especialmente si ya había oscurecido.

 

En ocasiones, después del experimento, quedaba en ellas el nerviosismo ante el riesgo de tener que pedirle a san Antonio interceder para recuperar el periodo perdido.

 

En tales trances, no solo se vieron involucradas jóvenes solteras, pues a menudo se les añadían señoras casadas, viudas o de cualquier otra condición. De allí que la colocación de cornamenta no fuera extraña en nuestros religiosos pueblos.

 

Al pasar una solterona de buen ver por donde hubiera hombres conversando, no era raro que alguno se planteara la interrogante acerca de si la mujer en cuestión permanecía en estado de pureza a esas alturas y no era raro que otro comentara que “parece que por allí anduvieron”, un modo metafórico de dar a entender que nada podía garantizarse con respecto a la respetabilidad de la víctima.

 

Unas veces sí fue cierto que ya habían transitado por allí pero, otras, en realidad se trató de mujeres que practicaron el ayuno completo, tal como lo ansía la Virgen Purísima , aunque, como todo el mundo sabe, la virginidad se ha devaluado mucho por causa de la inflación monetaria que padecemos.

 

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