TIEMPO DE SIEMPRE
Guillermo Ramos Morales
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Los carasucia
No tengo inconveniente en escribir el mote con que se conoció a los hermanos Solís, de Piedades: Filiberto, Lito y Belfort.
El no tener inconveniente se deriva del hecho de que ellos conocían y aceptaban esa denominación honorable.
Si mostraban tierra en brazos y rostros, bajo sus sombreros también terrosos, era porque siempre fueron humildes pero fervorosos trabajadores del agro, en calidad de peones de confianza.
La tierra, para ellos, era amiga y aliada, al punto de convertirla en parte de su cuerpo, un ingrediente de su salud y sosegada felicidad.
Personalmente respetuosos, corteses y honrados, jamás negaron el saludo o la contestación a éste.
De pequeño, admiré la habilidad de Lizanías, hijo de Filiberto, para nadar en las pozas de los ríos y hacer en ellas lo que se le antojara, como rana inquieta y juguetona.
Pienso que, para los Solís, la naturaleza, en sus formas de tierra y agua, fue parte de su vivir simple, sencillo y hermoso.
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