Guillermo Ramos Morales
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ROQUE EN SUS ZAPATOS
Tengo muchas historias incompletas, una de las cuales corresponde a mi amistad con Roque Delgado.
El fue compañero de infancia de mis hermanos mayores, los Ramos González, hijos de primer matrimonio de mi padre.
Ellos, como nosotros, los Ramos Morales, años más tarde, resbalaron en tablas untadas de boñiga seca sobre las declinaciones de los potreros, no aquí, sino cerca de la esquina suroeste de la Sabana , en San José, hace más de 70 años.
Las construcciones de aquel viejo vecindario desaparecieron por imperativo del tiempo. Lo que nunca desapareció, ni lo hará nunca, es la cercanía humana que alentó la amistad y la convivencia de unos niños que el tiempo luego convirtió en adultos y, más tarde, en venerables ancianos.
Pero ese capítulo, lleno de humanidad sonriente, no lo conozco demasiado y debo interrumpirlo por falta de mayores datos.
Ahora hago paréntesis y quiero decir que nunca pasé por la casa de Roque de lejos, en Piedades, sino solo separados por una distancia de escasos metros. Amigo de los cementerios, tanto como de la vida, me ocurría y ocurre visitar el camposanto de Piedades, de tiempo en tiempo y donde, como decía mi tata, tengo ya mi casita.
Al pasar por la casa de Roque, sentado casi siempre a una vera del corredor, me detenía para darle bromas y recibirle con deleite anécdotas de un tiempo largamente vivido y revivido. Fue así como aquel hombre nutrió en mí una actitud ante la vida, donde menudearon las ironías, las bromas, los pasatiempos.
Una vez Roque me narró una linda historia que no podré reproducir, porque solo me la contó una vez, aunque quedamos de que me la repetiría con toda clase de detalles; pero me distraje y la perdí, ahora sí para siempre.
El caso es que, al parecer, un hombre de cierta celebridad le regaló a Roque unos zapatos demasiado finos para sus pies, según él. Esto último jamás lo creí cierto. Pero, como el regalo fue muy bueno, Roque nunca se desprendió de aquel calzado ni por el mejor dinero del mundo. No había recibido un regalo para sus pies sino para el alma misma.
Hoy me habría gustado tener de nuevo a Roque frente a mí, para pedirle aquellos detalles, que la muerte ya volvió imposibles.
El día 13 de enero del 2008 estuve a verlo, ya en su caja mortuoria y sentí que había descuidado sus palabras cercanas, que se habrían fortalecido con más detalles sobre aquellos famosos zapatos, que lo levantaron unos centímetros del suelo hacia el firmamento, compuesto para él por un techo de nubes, polvo, lluvias y soles que, cada vez que se paseen o precipiten sobre el pueblo, recordarán que hubo alguien, aquí abajo, que amó y afrontó la vida con valor y se retiró de ella caminando calzado con zapatos finos o a pie descalzo, sin que ello perturbara lo mejor de lo eterno que hubo en él y en el mundo en que vivió.
Suerte, querido amigo, en el más allá.
Mira, me gustaría comentarte de una actividad que realizamos el 09 de diciembre del 2007 conmerativa por los 30 años de haber salido de la Escuela (si están rocos todos los demás, que barbaridad).
Vieras que fue muy bonito, hicimos juego y llegaron las maestras: Niña Luz Parra, Niña Claudia Morales, Niña Olendia Morales y las conserjes; Florita Morales y Ma. Cecilia Morales.
Desgraciadamente no nos pudo acompañar la Niña Blanca Rosa Morales por motivos de salud.
Te adjunto unas fotografías de la actividad. Claro, tenemos una preciosa de todo el grupo que nos tomó un fotógrafo profesional (el que sale en el Piadoso , de allí tomé los datos para contratarlo), que maneras...
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