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ROQUE EN SUS ZAPATOS

Las hermanas Tanquio




 

El comal le dijo a la olla…

Guillermo Ramos Morales

Info@elpiadoso.com

 

 

 

Hace muchos años se transmitían por radio unas lindas canciones de El padrino Joaquín.

 

No sé de qué nacionalidad era el autor. Me han dicho que mexicano. Esto importa, aunque no mucho. El corazón, el talento y la nobleza, por sí mismos, no tienen nacionalidad.

 

Cierto es que, con buen sentimentalismo, una vez, en una nación lejana, se me vinieron lágrimas cuando escuché, de pronto, el Himno Nacional de Costa Rica. Pero esto es otra cosa, tal vez lo que llaman mal de patria.

 

Hago la aclaración de que no estaba en estado normal, es decir, borracho, como a veces me ocurrió.

 

No puedo recordar bien las letras de aquellas canciones. En realidad, no recuerdo bien ninguna, ni siquiera la del Himno Nacional. Cuando debo cantarlo, me guío por los movimientos de los labios de quienes sí se lo saben.

 

Una canción del padrino decía: “-El comal le dijo a la olla/oye olla, oye oye…”

 

Otra: “-Negrito sandía/ hoy te acuso con tu tía…”

 

El aporte cultural de México, para mi gusto, si nos alejamos de las canciones y el cine ranchero, es grande. Están Octavio Paz, Silvestre Carreras, maestro de mi amigo Arnoldo Herrera, con quien trabajé en apreciación literaria en el Conservatorio Castella, hacia 1958, Benito Juárez, José Clemente Orozco, el gran muralista Diego Rivera, en cuya casa estuve, el Fondo de Cultura Económica, Juan Rulfo, el grande, a quien conocí personalmente, etc.

 

No he podido conseguir un disco compacto con las canciones de El padrino Joaquín. Si alguien lo tiene, es mejor que me lo regale, como el padrino nos regaló mucho de lo magnífico que había en él.

 

Una famosa actriz mexicana lo fue Sara García. La aprecié mucho, al igual que a otra mujer de Piedades, que se le parecía bastante físicamente, a quien de niño iba a comprarle leche, en la casa de Mario Sandí: la niña Ester Morales. Siempre recuerdo que andaba con una cuartilla de guaro en una bolsa de su delantal, aunque jamás la vi ni medio juma. Se tomaba un traguillo por aquello de darle mantenimiento al corazón.

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