Guillermo Ramos Morales
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Si pego la lotería…
Si alguna vez pego la lotería, les regalaré la plata a los pobres… como yo. Creo estar destinado a ser pobre. Para eso estudié.
En un periódico donde trabajé muchos años, cuando algún compañero se quejaba por su salario o su trabajo, había otro que le decía: “-¿Por qué no estudió?” Y resulta que éste, quien tampoco estudió, hoy es multimillonario, en parte porque siguió mis consejos económicos de amigo. Ello me valió un viaje, con todo pagado, a San Andrés y Colombia. Por cierto que, estando en San Andrés, adonde llevó para vender varios sacos de gangoche llenos de maní, creo que se ganó el costo de mi viaje. El fue siempre de esas personas a quienes parece que la plata las persigue y les mete el dinero en el bolsillo, quieran o no. La víspera del vuelo hacia Cartagena, insistió, ya un poco tarde de la noche, en jugar, una vez más, parte de su dinero y pegó un muy buen premio, que nos hizo amanecer en la calle, mejor dicho, en El Piano Bar.
Cuando nos presentamos con las valijas en el aeropuerto, se nos dijo que no podríamos viajar, porque el avión ya estaba en pista. Eché mano de mis mejores argumentos y logré que nos montaran en un jeep que nos condujo hasta el avión. Bajaron la escalera y subimos a grandes pasos.
Mi amigo admiró la astucia de mis palabras frente a la agencia viajera.
Sé que hacer plata es demasiado fácil. Lo saben los comerciantes, quienes siempre compran a seis reales para vender a peso.
Yo vivo de una modesta pensión que la CCSS me obsequia cada mes y me alcanza para café y cigarros.
A propósito de la pensión, el ex canciller nunca presidenciable Chalo Facio, a quien pude tratar como miembro de Liberación Nacional, recibe una pensión de más de tres millones mensuales. ¡Ingrato!
No es que yo sea como Gabino Barreras, a quien la plata no le importaba. Solo quiero decir que detesto la codicia, madre de casi toda desmedida ambición esclavizante.
Jamás fui jugador de dinero. No me gustan los juegos de azar. Sin embargo, de vez en cuando compro un par de pedacillos de lotería, por aquello de las moscas. Unos cuantos milloncillos de moscas no me caerían mal. He pegado terminaciones y la semana pasada le di al número mayor, pero a los ingratos de la Junta se les olvidó premiarme también la serie. En la de menos pego el gordo y así no volveré a trabajar a sueldo para nadie. Ya lo he dicho: cierto alemán afirmó que el hombre es el único animal que trabaja por un sueldo.
Jamás he sabido qué se hizo el dinero que gané con el sudor de la frente.
Dichosamente mi frente es angosta, porque si fuera muy ancha, la habría pasado peor.
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